Esta pandemia ha cambiado la perspectiva de cualquier situación, hasta de lo que conocíamos hasta ahora, como emigrar.

La dinámica de este último mes ha sido tan desquiciadora, qué hay quien ha emigrado a su propio hogar y otras viviendas o apartamentos de familiares de forma inesperada. Para el que estaba acostumbrado a salir de casa muy temprano y volver para la cena, era poco lo que realmente podía percibir de su propio lugar para vivir, por no decir de sus propios compañeros de vida, llamados familia,

Quien tenía sus días armados fuera de casa, ahora ha tenido que atracar en un puerto que puede terminar resultando de alguna manera, extraño. Quizás era normal y agradable que tu casa estuviera siempre limpia y ordenada, pero no resulta ten divertido estar ahora en medio de todo el proceso. Si estás “tele trabajando” tal vez resulte algo incómodo hacer una teleconferencia y saber qué hay algo haciéndose en la cocina, porque puedes percibir el olor. La experiencia de migrar nos choca en algún momento.

Toda la publicidad dice que una de las ventajas de este encierro, es precisamente el acercamiento entre quienes estaban acostumbrados a andar cada uno en sus cosas durante el día, teniendo un encuentro corto antes de dormir, para volver a salir el día siguiente. Esa estructura ha sido rota.

Hay quienes en medio de esta crisis han tenido que dejar sus propias casas, para ir a estar con hijos o nietos, porque debido al grupo etario al que pertenecen, serían de alto riesgo si existe contagio y hay mayor restricción en casos puntuales de tener que salir a hacer alguna compra. Por tanto unos cuantos han tenido que abandonar su espacio de forma apresurada para ir a estar con sus familiares más jóvenes. Las rutinas de los días cambian por completo y el adulto mayor está quizás sin sus herramientas acostumbradas para pasar los días.

Han ocurrido de la misma forma otro tipo de migraciones. Quién estaba todo el tiempo dentro de su habitación, ahora se suma al reto de la familia reunida en el salón para conversar de algún tema, participar en algún juego de mesa, compartir una serie y hasta hacer una oración entre todos.

Los lugares habituales han cambiado, sin necesidad de ir de un a localidad a otra o cruzar la frontera para llegar al algún nuevo país. A todos nos ha tocado emigrar de nuestra antigua forma de vivir, con el único objeto o fin de conservar la vida.

La migración tradicional consistía en salir de los países de origen con el propósito de alcanzar mejores condiciones de vida, ahora se trata de dejar nuestro sistema normal de vida y adoptar otro que a abarca cambio de costumbres, formas de convivir y limitarnos hasta en algo tan sencillo como conquistar la calle con un paseo. Nos sentimos extranjeros en nuestros propios ambientes. Todo ha cambiado.

Ya no nos mueve solamente el pretender mejorar la calidad de la vida, en estos momentos el mayor logro es justamente que la vida no termine por un virus. Aprendiendo acerca de lo que tiene importancia real.

Hacemos las cosas de distinta manera

Lo de afuera ahora, lo hacemos dentro

Migramos en nuestro propio entorno,

Nos sentimos extranjeros.