Mi hogar… mi tierra, hoy te escribo desde una distancia que me duele.

Más allá de tu hermoso territorio, lleno de las impresionantes bellezas naturales, extraño lo que tu espíritu me transmitía día a día; el sentirme tuya, de ahí, de tu corazón, es algo que siempre hizo acelerar el mío.

No estaba entre mis planes dejarte, y tú lo sabes. Nunca viste en mis cartas puertas adentro, sueños para vivirlos fuera del alcance de tus fronteras; no necesitaba más nada que estar ahí, en ti, para sentirme bien. No existía sueño que superara el respiro de tu aire, porque tu cálida sonrisa era también mi alegría.

Pero crecí, amada mía. Y las responsabilidades llenaron mi vida. Llegó ese momento en el que importan más los que hemos traído a este mundo, que nosotros mismos y pensando en el bienestar de ellos, salí. Hablo de bienestar porque el término supervivencia suena muy abrupto, y creo que ofende la pureza y nobleza de tu nombre.

No hay un sol más brillante que el tuyo, ni ningún atardecer supera la paleta de tu cielo, aunque haya llovido. Eres de las que acuna a sus niños con el mismo ritmo de tu glorioso himno, y así expresas todas las cosas, haciendo que te sintamos cercana, próxima, nuestra.

Cuando vi tus calles desde el otro lado de la frontera, entendí que era real mi partida; que no era un mal sueño producto de la angustia, sino una salida obligada para los que llevamos tu sello en el corazón, que en ese mismo momento, se me hizo trizas. No quise decirte adiós a pesar de eso, no se despide uno de quien siente, pertenece.

Cuando tus colores vivos ondean en el aire y las estrellas resaltan en tu pecho, no puedo más que desearte cerca y aún hoy me hago preguntas que no tienen respuestas. ¿Cómo puede alguien destruir con tanta saña a quien le acogió desde su nacimiento? Pero bueno, se que tú tienes alma de guerrera, que has visto la adversidad y a los mezquinos haciendo de las suyas en tu oprobio; y ni aún así, tú alma bella ha sido destruida.

Los tuyos, a diferencia de ti misma, somos más débiles. Puedo llamarte mamá, hermana, amiga porque en cada uno de esos nombres, te encuentro; y estar en otro territorio me hace valorar cada vez más eso. Sueño verte, libre de presiones, de violencia, de los malos que saquean tus mejores intenciones, de los que te despojan sin pudor de toda tu mejor riqueza, tus hijos.

No se cuando volvamos a vernos cara a a cara, y sea la brisa tuya quien me arrope la nostalgia, pero adonde voy, tú vas conmigo; porque el amor no solo es presencia física, sino honor hacia quien se recuerda. Desde mi corazón te escribo y tú me oyes, recibes mis palabras y sonríes, aunque el dolor de la ausencias te golpea.

Y no me rindo, sabes. No me rindo, en pensarte y en hacerme parte de tus próximos sueños. No renunció a ser tuya, a sentirme querida a tres colores, a tener un alma llanera en las entrañas y una orquídea adornando mis tristezas.

Los caminos de retorno, no son los míos; pero por ti lo haría. No me gusta mirar hacia atrás, luego de dar los pasos, si embargo cuando pienso en encontrarme contigo, voltearía con el gusto de saber que te vería ahí, con los brazos abiertos, esperándome y yo aún, con el alma rota y las manos vacías, regresaría.

Solo se amar de esta forma, me conoces. Con el brillo de un sol que no se cansa, que baña de amarillo los cerros en la mañana; con el azul profundo del mar en tus ojos que ven más allá, de lo que cualquiera puede y el rojo de un amor que existe en el corazón de los que te conocemos, tan fuerte como el lazo de la sangre de sentirnos unidos. Amo, con tus ochos destellos pegados a mi espalda que me hacen sentir aun estando lejos, cerca y en casa.

Las comparaciones con otras tierras, no serían justas; para mí, tú eres única. Pero confío que el mismo amor maternal, solidario y de bondad que habita entre tus límites, también haya sido dado aunque en diferente forma para el resto del mundo y sus fronteras. Yo me fui, pero tú no has ido de mi… por eso cada vez susurro muy bajito, y pronuncio tu nombre… VENEZUELA.

Tuya a tres colores, 🇻🇪

AC