Ella del lado de adentro de la puerta; afuera se dejan oír pequeños e insistentes golpes, y luego de ello, una voz que en tono de súplica y a la vez de mandato dice:—Abre la puerta Luciana, te juro que ya nunca mas, esto vuelve a ocurrir. ¡Se que me equivoqué, perdóname!

Y seguido a esto, una frase encolerizada que acaba con cualquier esperanza de que la puerta se vuelva a abrir: — No sé que harás sin mi, si todo te lo he dado yo… y además, eres una inútil.

Es lo de siempre, Rolando en un ataque de ira levanta la mano y hasta el puño contra su mujer. Pero esta vez es distinto, ya la culpa y el sentirse responsable por la ira desmedida de su marido, ha desaparecido de la mente de Luciana. Se atrevió. Por fin ha marcado el número de la línea de auxilio, y mientras los golpes se hacen más fuertes en la entrada de la casa, se escucha fuera cuando una patrulla de la policía llega. Ahora se puede escuchar en todo el lugar y más allá, a un hombre que despotrica en voz alta y a grito rabioso: —¡Perra, no te salvarás de mi!

Luciana del lado de adentro, desnudándose del miedo y la tristeza, quiere comenzar una vida sin la amenaza de la violencia sobre su vida, y aunque la pierda en el intento, se promete a sí misma, que nunca más ningún hombre se sentirá con el poder o el derecho de maltratarla. Ha vuelto a mirarse al espejo, y pese a los moretones en su cara, a descubierto a un ser digno de respeto.

La vida, es VIDA siempre y cuando se viva…